Esta primera semana en el Museo del Baile Flamenco ya ha presentado unas situaciones difíciles. Yo he aprendido los diferentes puestos en que yo voy a trabajar durante mi estancia en la práctica. Voy a trabajar en la recepción, en la tienda, como guía y preparando el museo antes de los espectáculos. Todos los puestos son bastantes fáciles pero a veces situaciones inesperadas ocurren.
Cuando yo estaba en la recepción, el teléfono sonó. En ese momento yo aprendí que una parte de mi trabajo requiere que yo hablo por el teléfono. No me gusta hablar por el teléfono porque, para mí, es más difícil que nunca entender lo que la otra persona dice. Pero yo lo hice sin quejarme y terminó bastante bien y ahora no es un problema. Ya después de una semana no tengo miedo de hablar por teléfono.
Pero todavía existen problemas en mi trabajo. Con este particular problema yo he peleado por muchos años. Es el problema de mi acento gringo. No sé porque pero hace muchos años que yo estudio español seriamente pero todavía no puedo hablar con un acento que suena muy autentico. Normalmente no causa una ruptura en mis conversaciones. Pero este viernes yo tenía una falta de comunicación. Desde el inicio de mi conversación con este pareja mayor española yo sabía que esta conversación no será perfecta. Y no era. Yo los dije todas las cosas sobre el museo y las aulas por cual pueden pasar pero no a mi me parecían entender muy bien. Al final de nuestra conversación, en vez de decirme que ellos no me han entendido muy bien, el hombre giró a mi colega y la preguntó si ella era española o no. Dijo múltiples veces que necesitaba una española y él no quería hablar conmigo. Este comento no solo me ofendió un poco, además me quitó la estimación que yo tenía en mi misma. Yo he intentado a mejorar mi acento pero en vez de ayudar mi claridad, ha confundido a los demás aun más que antes. Y es por eso que ahora estoy muy frustrada con mi boca y mi mente.
Estoy enojada con mi boja porque no puede producir los “r”s perfectos. Y estoy enojada con mi mente porque cada vez que no digo una palabra perfectamente, me pongo más y más frustrada y por eso analizo lo que digo más y más hasta estoy tan estresada sobre mi pronunciación que yo no puedo ni formar una idea completa.
Por eso, ahora solo puedo decir que estoy... frustrada.
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